Samuel Dias Lino, más conocido como Samu Lino (Brasil, 1999), es el jugador que todo entrenador (y afición) quiere tener en su equipo. Alguien que reúne todas las cualidades técnicas de un carrilero/extremo de calidad (velocidad, regate y excelente golpeo de balón), dispuesto a entregarse a la causa del trabajo, esfuerzo y rigor táctico que requiere el fútbol de hoy en día.

Un tipo alegre en su juego, pero serio en sus responsabilidades. Un jugador con atributos de estrella, pero capacidad para currar sin balón y correr hacia atrás tras finalizar cada acción de ataque, sin ni siquiera plantearse un estúpido ‘para qué’.

Y, sobre todo, un futbolista que sabe escuchar las directrices de un entrenador que siempre ha demostrado que en el Atlético de Madrid ser bueno no es suficiente para triunfar. En otras palabras: un auténtico discípulo de Simeone.

Samu Lino ya dejó muestras de su potencial el curso pasado en el Valencia, especialmente durante la breve pero intensa etapa de Gennaro Gattuso, en la que el, por aquel entonces extremo brasileño, era la referencia del conjunto che en su primera temporada en LaLiga.

Después, con la ayuda de esa envidiable camada de canteranos y símbolos contrastados como Gayà, orquestados por un valiente Rubén Baraja, evitaron un naufragio final que hubiese sido catastrófico para la entidad valencianista.

De alguna manera, ese año cedido en un Valencia de complejo contexto deportivo e institucional, fue toda una mili que Samu Lino ha sabido aprovechar y aplicar en un equipo tan competitivo como el Atlético, que a su vez está comandado por un técnico de exigencia insaciable.

Una pretemporada bajo las órdenes de El Cholo bastó para convencer al entrenador argentino de lo mucho que Samu Lino podía aportar a un Atlético en línea ascendente desde la segunda vuelta de la campaña pasada, y ahora llamado a ser de nuevo la verdadera y única alternativa al crónico duopolio del fútbol español.

La salida de Yannik Carrasco a última hora del mercado rumbo a Arabia Saudí no hizo más que acelerar la llamada a filas de un Samu Lino que para entonces ya estaba preparado para el siguiente nivel y que, por características, es el remplazo natural de un jugador belga madurado tras su paso por China.

La realidad es que, hasta el momento, Samu Lino no sólo ha demostrado estar a la altura, sino que ha corroborado el enorme potencial que todos los que le seguíamos el curso pasado veíamos con ojos de ilusión por cómo podía brillar en un equipo como el Atlético.

Jugadores buenos hay muchos, pero al 100% comprometidos con las necesidades de un equipo a nivel colectivo, no tantos. Afortunadamente, Samu Lino sabe muy bien que aptitud y actitud no se entienden la una sin la otra. Por eso, él va sobrado de ambas.

Imagen principal: Edit Pablo Benítez.


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