Que el fútbol es un negocio, prácticamente todo el mundo lo sabe. Lo que se nos puede escapar a la mayoría es a quién beneficia y perjudica teniendo en cuenta que lo que sustenta a este son las espaldas de los verdaderos protagonistas del mismo, esto es, los futbolistas.

Según el informe Annual Review of Football Finance, las cinco grandes ligas movieron la nada despreciable cantidad de 25.200 millones de Euros en la temporada 2019/20. Esta cantidad supuso un 13% menos que en la temporada anterior, en la que se alcanzaron los 28.900 millones. Esta mengua en el negocio fue soportada por los clubes debido a que dejaron de percibir ingresos por entradas y merchandising principalmente.

El covid-19 paró absolutamente todo, pero no lo cambió. En lo que se refiere al fútbol, más bien lo retrasó. Todos los partidos suspendidos en el momento que se declaró la pandemia se fueron jugando a lo largo del verano de 2020. Todas las principales ligas europeas, excepto la francesa, finalizaron sus competiciones.

En el caso de nuestra liga, en 33 días se jugaron 10 jornadas, o sea, una burrada para los futbolistas, sobre todo después de tanto tiempo de confinamiento y de una preparación bastante deficiente debido a las medidas que se implementaron para evitar riesgo de contagios.

La UEFA cumplió con las suyas, entregando los trofeos de Champions y Europa League a sus justos ganadores. También entregó el trofeo de Campeón de Europa de Selecciones Nacionales 2020 a Italia, aunque un año más tarde. Este domingo España disputa la final de la Liga de las Naciones de 2020.

Se permitió que la temporada 2020/21 comenzase un mes más tarde, aunque la fecha de finalización se mantuvo. Todas las competiciones europeas y ventanas UEFA se cumplieron puntualmente, lo que supuso una congestión tremenda de partidos. Aún no había terminado la EURO 2020 en julio del presente año cuando los equipos entrenaban para preparar la actual temporada.

Entre competiciones, las Olimpiadas. Cinco jugadores de nuestra Euro-Selección disputaron todos los partidos. Llegamos a la final, o sea, seis partidos en poco más dos semanas. Pedri, jugador del F.C. Barcelona, un superclase, batió todos los registros, disputando 73 partidos hasta la final de las Olimpiadas, desde el 13 de septiembre del 2020. Otra burrada.

Por si esto no fuera suficiente, Ceferín y su UEFA han creado una nueva competición para la presente temporada (¿qué atractivo tiene además de los ingresos para el negocio de la UEFA?): la Conference. Quiere reformar la Champions aumentando el número de equipos y por ende el de partidos. Además, la FIFA tiene intención de organizar el mundial cada dos años.

¡¡¡UUUUUFFFF!!! Personalmente, me parece que no hay cuerpo de futbolista que aguante tanta competición, tanto estrés. Tal vez alguien diga que no son tantos los jugadores que compiten a ese nivel. Podría dividir a los futbolistas, aún a riesgo de parecer simplista, en tres clases:

1. Futbolistas de Élite:

Dentro de este rango se encontrarían los superclase, que son todos aquellos que temporada tras temporada juegan más de los 38-40 partidos de los que consta una liga nacional. Estos se encuentran en los equipos que juegan competiciones internacionales y son parte de selecciones.

También están los élite propiamente dicho, que son los que juegan ligas profesionales, disputando entre 30 y 40 partidos por temporada. En Inglaterra hay cuatro competiciones de este tipo (Premier, Championship, League One y League Two). En nuestro país, podríamos considerar hasta la recién formada Primera RFEF como jugadores que podrían ser considerados élite (no todos).

2. Futbolistas Profesionales:

Todos aquellos que se ganan la vida en este mundo, dando igual la categoría en la que jueguen. Estos no llegan a cumplir los partidos mínimos para ser considerados élite, llegando a jugar entre 25 y 30 partidos. No considero profesionales a aquellos jugadores que cuentan con el fútbol como complemento y que desarrollan otra actividad profesional como sustento principal.

3. Futbolistas Amateurs:

Todos los demás. No los considero inferiores. Sólo que el fútbol no es su actividad principal. En este caso el número de partidos no es relevante.

¿Saben dónde se sustenta todo este castillo en el que hay que añadir a las distintas federaciones territoriales y nacionales, UEFA Y FIFA? Efectivamente, en el primer grupo y dentro de ellos, los superclase. Y bajo mi humilde punto de vista, la mejora en todos los sentidos (negocio, espectáculo y deporte) no está en aumentar el número de partidos en los que verlos, sino en cuidarlos. Todo lo contrario de lo que se está haciendo.

O sea, se está matando a la gallina de los huevos de oro en lugar de cuidarla. No se está escuchando al verdadero protagonista, al que nos hace disfrutar cada vez que juega, al que genera la mayor parte del dinero que se mueve en torno al negocio del fútbol, al futbolista de élite; y este, tarde o temprano se revelará o reventará.

Y entonces, ¿qué? La UEFA y FIFA abogan por una reducción de los números de partidos a nivel doméstico. ¿Sabrán “las altas esferas del fútbol”, esto es, Infantino y Ceferín, que los Clubes son los que pagan a los futbolistas?

Imagen principal: PSG.


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