El Heliodoro Rodríguez López bajaba el telón de la primera vuelta con un duelo de dinámicas cruzadas. CD Tenerife y CF Talavera se citaban en el recinto capitalino bajo un guion de hierro: el de un líder que ha convertido su estadio en un fortín inexpugnable. Desde aquel lejano ocho de noviembre ante el Bilbao Athletic, nadie ha conseguido llevarse un botín de la isla, una racha que los de Álvaro Cervera pretendían blindar para certificar su condición de campeones de invierno.
Los números del representativo antes del pitido inicial eran de otra categoría: 41 puntos y un diferencial de goles de +24 que lo encumbran como el líder más autoritario que ha conocido la Primera Federación en los últimos años. Sin embargo, enfrente emergía un Talavera revitalizado. Tras el cambio de timón en el banquillo —con el argentino Alejandro Sandroni sustituyendo a Diego Nogales—, el conjunto cerámico aterrizaba en Tenerife con un pleno de nueve puntos en sus últimas tres citas. Un examen de madurez para el líder ante un rival que ha olvidado lo que es perder.
El respeto precedió a la batalla; una vez guardado el minuto de silencio, el tapete capitalino se convirtió en escenario de fuego real. Las fichas del tablero quedaron claras desde el inició: Sandroni no llegó a Tenerife a tomar el sol, sino a levantar un muro infranqueable de cinco defensas frente a su portería. Juego pausado, pases seguros y un fútbol sin sobresaltos caracterizaron durante los primeros minutos al Talavera. Por contra, Álvaro Cervera saltó al césped con una única permuta en la alineación respecto a la victoria ante Osasuna Promesas: el regreso a la titularidad de un Maikel Mesa que ya pedía paso.
Pasado el ecuador de la primera parte, la disputa era un monopolio del cuero por parte de los blanquiazules. El Talavera defendió cada jugada como gato panza arriba, sin amasar segundos con la bola pero lejos de disgustos. Sin embargo, esa era la idea: ser sólidos atrás y desconcertar al líder en los contragolpes.

Durante el transcurso del primer asalto, Cervera jugó con dos dibujos: doble punta Maikel-Enric o el catalán como única referencia ofensiva. Por otro lado, Juanjo Sánchez estaba siendo la nota positiva de los locales; en transición defensiva aparecía entre José León y Landázuri, mientras que al abordaje era ese jugador que evitaba que la defensa se despegara de los rematadores, avanzando casi hasta la frontal del área. Un todoterreno recién salido del concesionario.
Un minuto de cortesía fue lo que añadió Juan Antonio Campos a unos primeros cuarenta y cinco minutos de puro contraste futbolístico: por un lado el Tenerife, jugando a lo de siempre, pero sin marcar de inicio, como casi nunca. Los de Sandroni repelían los remates de Gallego colgados del larguero, haciendo de la meta de Jaime González un muro de hormigón armado imposible de derruir.

Tras el paso por vestuarios, la narrativa no varió su pulso: un Tenerife que proponía y un Talavera que, lejos de amedrentarse, estrechó aún más sus filas. La posesión blanquiazul empezó a teñirse de una urgencia peligrosa ante un muro que parecía alimentarse del paso de los minutos. Varios disparos a portería que se marcharon cerca del poste derecho, y un puñado de faltas fueron suficientes para sacar de quicio por primera vez a los centrales foráneos.
El avance del cronómetro dejó ver las costuras de ambos conjuntos: el Tenerife propuso, llegó y sometió, pero le faltaba el colmillo necesario para traducir su superioridad en el marcador. En disonancia, el Talavera no tuvo prisa por atacar, el punto era más que válido, pero para llevárselo había que aguantar el tipo ante un gigante dormido.

Un gigante que, cumplidos los sesenta de partido, puso toda la carne en el asador con De Miguel, Marc Mateu y Aitor Sanz, tres jugadores con jerarquía y que, cada uno, daba cosas muy distintas al juego. Debemos reseñar que Mateu lleva sin competir en partido oficial desde la primera jornada de liga, pues sufrió un esguince de tobillo que le tuvo apartado del equipo durante toda la primera ronda de campeonato. Nada más volver, colgó un misil teledirigido a la testa de Enric Gallego, que por poco no se coló.

Pero al líder nunca hay que darlo por muerto. César Álvarez, el diamante de Geneto, tuvo la última palabra. En el descuento, desde dentro del área pequeña, conectó un golpeo de los que dan infartos, pegándole con más corazón que cabeza. Entró. Un tanto buscado y rebuscado que obtuvo su premio en el suspiro final.
El bullicio del Heliodoro tras el pitido final fue ensordecedor. Una comunión total entre grada y equipo que confirma que este Tenerife, además de fútbol y jerarquía, tiene la fe inquebrantable de los campeones. La muralla cayó, y lo hizo bajo el peso de un diamante que brilla con luz propia. El liderato se afianza, y el sueño de volver al fútbol profesional cada vez está más cerca.
Ficha técnica:
CD Tenerife: Dani Martín, David Rodríguez, León, Juanjo Sánchez, Nacho Gil, Maikel, Landazuri, Fabricio, Enric Gallego, César, Dani Alassan.
Entrenador: Álvaro Cervera.
CF Talavera: Jaime González, David Cuenca, Roig, López, Sergi Molina, Marcos, Edu, Isaiah, Pedro Capo, Sergio Montero, Steipovich.
Entrenador: Alejandro Sandroni.
Goles: César Álvarez (1-0, min. 92).
Estadio: Heliodoro Rodríguez López.






















