En medio de una tormentosa temporada en el ‘infierno’ de la Primera Federación, dos rayos de luz se han abierto paso para revivir la esperanza de un RC Deportivo que parece haber despertado a tiempo. Los jóvenes David Mella y Yeremay Hernández son las grandes sensaciones que alumbran Riazor, siendo artistas principales en el renacer blanquiazul.

La trayectoria ascendente de un Dépor que ya está muy cerca de la lucha por el liderato no se podría explicar sin la irrupción de estos futbolistas en el once de Imanol Idiákez. Por cierto, un técnico que ha aguantado en el puesto contra viento y marea, pese a que todas las quinielas lo veían fuera del club. La confianza y paciencia en el proyecto han sido claves para esta gran evolución.
Resulta cuanto menos curioso que, en un equipo volcado hacia el objetivo primordial del ascenso, sean los chicos de la casa quiénes estén tirando del pesado carro de un histórico del fútbol español. La identidad de un Deportivo de cantera, de un Deportivo criado de Abegondo que le ha dado alas a un escudo que parecía perdido en la mediocridad y en la mala fortuna.

El cambio de esquema del entrenador, que vuelve al 4-4-2 con el que se comenzó la temporada, ha potenciado las prestaciones de unos jugadores que parecen otros con la nueva pizarra. No hablamos sólo de los jóvenes: el resurgir de Lucas Pérez, con la libertad propia de una pieza de su talla, volviendo a ser determinante en un equipo que ya se parece al candidato que debió ser desde el inicio.
Las bandas se han revolucionado con un estilo de juego mucho más dominador y que hace protagonista a los jugadores con velocidad y profundidad. Y aquí es donde entran tanto Yeremay como Mella, haciendo disfrutar en ambos costados del césped con sus perfiles diferenciales y que rompen con los esquemas rivales.
La proyección y potencial de David Mella y Yeremay Hernández es brutal. El ritmo de juego que aportan al conjunto blanquiazul hace pensar que, en categorías superiores, podrían destacar incluso más, con una garra que es impropia de futbolistas de estas características. Y lo más importante de todo es que ellos sienten amor por estos colores, contagiando su ejemplar actitud a lo colectivo.

En el caso de Yeremay Hernández (21 años), ya consagrado en el primer equipo, su ausencia durante más de dos meses por una fisura en el peroné hizo decaer la fantasía en un Dépor plano e inofensivo. La vuelta del ’10’ deportivista, aunque más gris, supuso el regreso del descaro, el atrevimiento y la esencia de un talento generacional. Demostrando que actualmente es insustituible en este equipo.

La irrupción de David Mella (18 años), aunque era habitual en sustituciones, ha sido más tardía y su asentamiento en la titularidad corresponde con el punto de inflexión en las sensaciones y los resultados. Con un crecimiento colosal en esta temporada, su desequilibrio le ha abierto las puertas de la banda derecha. Tanto es así que se ha ganado el premio de tener dorsal en el primer equipo.
El Deportivo se ha convertido uno de los equipos más en forma de la categoría de bronce, con un cambio de trayectoria tanto formidable como inesperado. Han reunido las piezas necesarias para poder optar a todo, sin necesidad de quemar todo de nuevo. Han llegado a tiempo para volver a luchar por el ascenso y con las bazas más prometedoras e ilusionantes de los últimos años en el conjunto de Riazor.
Imagen principal: @RCDeportivo.






















