El día antes de la final del Mundial de 1998, Ronaldo Nazario estaba en su cuarto preparándose para el partido más importante de su carrera hasta ese momento con el que podía ser campeón del mundo. Entró al cuarto de baño para afeitarse la cabeza y cuando su compañero de habitación, Roberto Carlos, fue a buscarlo se lo encontró en el suelo convulsionado.

Pocos minutos antes de empezar el partido no estaba claro si Ronaldo podría jugar. Estuvo toda la tarde en el hospital y llegó al campo al margen de sus compañeros. Finalmente, fue titular y Francia salió campeona del mundo por méritos propios. A día de hoy seguimos sin saber bien que le pasó al fenómeno. Los resultados médicos indicaban que todo estaba bien. ¿El diagnóstico más probable? Un ataque de estrés.

Hoy en día la salud mental está dejando de ser tabú, pero a su vez corren tiempos en los que todo es blanco o negro. Fracaso o gloria. Ganen o no vuelvan. Cuando uno se retrotrae a viejas leyendas, se da cuenta de lo difícil que es ganar un Mundial y los sacrificios que uno hace para tocar el cielo una simple vez.

Ilusiones de cristal derrumbadas con críticas de acero:

Pensar en Ronaldo Nazario es pensar en un auténtico triunfador de la historia de los mundiales. Campeón del mundo en dos ocasiones y una de ellas siendo máximo goleador del torneo. Hasta hace no mucho el máximo goleador histórico de los mundiales. La realidad es muy diferente.

En sus propias palabras, Ronaldo no es capaz de mirar atrás y verse reflejado en la palabra ‘fenómeno’. Su sueño fue su tormento durante muchos años.

Otro ejemplo es el documental ‘Sean eternos’, sobre la Copa América que ganó Argentina en 2021. Quedará en la historia por cosas como el discurso de Messi antes de la final con Brasil, pero también por el retrato social que hace de un país y una afición que lleva al límite las exigencias a su selección. Cuando uno ve las lágrimas de Di María o Messi ve una amarga mezcla entre alegría y sufrimiento.

Después de algo más de cuatro años, el domingo se disputará la final de la Copa del Mundo. El partido que todos sueñan con jugar y que pocos pueden ganar. El partido que ha dejado recuerdos imborrables de vencedores y vencidos. Todos ellos pasarán a la historia.

No recordar a los perdedores es querer borrar la historia. Cruyff y su naranja mecánica, la heroica Croacia de 2018, la dura lesión de Neymar en 2014 y la posterior goleada contra Alemania o el penalti fallado de Roberto Baggio, el hombre que murió de pie. Todos ellos son historia de los mundiales.

Este es el último Mundial de una generación entera de futbolistas legendarios. Por el camino quedan sus lágrimas, sus sueños y en el caso de algunos, la horrible sensación de haber acariciado la Copa con los dedos. Ser campeón del mundo está reservado para unos pocos elegidos.

Imagen principal: Twitter @fifaworldcup_es.


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