22 de junio de 2024. Minuto 122. Se cumple un año del épico gol del Málaga en Tarragona que supuso el regreso del club blanquiazul al fútbol profesional.

Un gol, obra de Antoñito Cordero, que cambió la historia de un Málaga en declive deportivo desde su descenso a Segunda División en 2018. Un tanto sobre la bocina, cuando todo parecía perdido y en contra, que puso el broche de oro a una temporada en Primera RFEF para el Málaga que pasó de ser un castigo a un regalo, gracias a la actitud con la que afrontó el curso una afición de fidelidad incondicional, que dio una lección a toda España de lo que es no abandonar a su equipo incluso en las circunstancias más difíciles. Y encontraron premio.

El gol del Málaga en Tarragona no fue casualidad. Fue la recompensa a toda una temporada de unión sin precedentes entre jugadores y afición en el contexto deportivo más complicado posible. Fue la rebeldía de un talento de cantera imparable que sostiene al club blanquiazul en sus momentos más difíciles como su mayor patrimonio. Fue el triunfo del lado bueno de la historia en un playoff mágico e inolvidable, marcado por recibimientos únicos. Fue el antídoto a un último rival que todavía hoy no acepta la derrota.

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El minuto 122 trajo consigo lágrimas, abrazos e imágenes imborrables para una afición que llevaba años buscando una alegría de estas dimensiones que cambiase su «suerte». Fue un cúmulo de emociones indescriptibles del que, cuando todo estaba perdido, decidió apurar sus opciones hasta la última jugada. Hasta el último balón colgado al área.

El minuto 122 fue la afición blanquiazul desplazada al Nou Estadi empujando a Manu Molina a subir a la última jugada. Fue la fuerza de ese balón de Antoñito que entró llorando en la portería para desatar la locura. Fueron los miles de malaguistas unidos por un sentimiento que decidieron que esta vez les tocaría llorar de alegría. Fueron las imágenes que dieron la vuelta al mundo de la llegada de los héroes al aeropuerto, ante miles de personas que no durmieron aquella noche.

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Hablando de ello con varios de los protagonistas durante esta temporada, el minuto 122, y el paso del Málaga por la categoría de bronce del fútbol español, fueron los viajes a Linares o Granada. Fueron las bromas en el vestuario. Fueron los ambientes de una Rosaleda que registraba entradas superiores a clubes en ligas de élite. Fueron el saber que, aunque en Primera RFEF, el Málaga es un equipo grande. Y toda España lo vio.

«Yo le digo a mis compañeros que no se piensen que van a vivir algo igual en otro equipo. La única opción de experimentar algo similar es volver a subir con el Málaga», declaró Alfonso Herrero en una entrevista a esta casa. Cuánta razón. El minuto 122 es un antes y un después en la historia del Málaga. La primera piedra de la reconquista hacia el terreno perdido. El nacimiento de una nueva y joven generación de malaguismo. El inicio de una nueva era ilusionante liderada por un equipo identificado con los valores que defiende.

Imagen principal: @MalagaCF.


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