Ya no hay excusas. Cero. No hay vuelta atrás. Lo hecho, hecho está. Solo queda una jornada, una sola donde hay mucho en juego, más de lo esperado. Hasta cinco equipos pueden descender, y la plaza de Conference League también se decidirá. Todo está que arde, en una última jornada que promete emoción y, casi con total seguridad, muchas sorpresas.

Hubo de todo en una jornada unificada de nueve partidos, excepto el del triunfo del Barça ante el Betis, que no tenía nada en juego. En cuanto a los que sí se jugaban algo, el Levante dio un gran paso hacia la permanencia tras ganar al Mallorca, al igual que el Elche ante el Getafe. Sevilla, Espanyol y Alavés se mantienen en Primera matemáticamente. El Valencia y el Rayo siguen soñando con la plaza europea tras ganar a la Real Sociedad y al Villarreal, respectivamente. ¡Arranca La Prórroga de LaLiga tras la jornada 37!

La Prórroga de LaLiga 25/26 – Jornada #37:

El Alavés pone fin a su sufrimiento:

Fin del sufrimiento. El Deportivo Alavés logra la permanencia matemática. El conjunto vasco asaltó el Carlos Tartiere por la mínima. El equipo de Quique Sánchez Flores entendió desde el principio que el partido se jugaba tanto en el césped como en la tensión clasificatoria que llegaba desde otros campos. El gol de Toni Martínez en el minuto 17 resumió perfectamente el plan visitante: transición rápida, desequilibrio de Abde Rebbach y contundencia en el área. A partir de ahí, el conjunto de Vitoria se convirtió en un bloque sólido, incómodo y muy consciente de lo que había en juego. No dominó con brillantez, pero sí con madurez emocional.

El Real Oviedo tuvo momentos para cambiar el encuentro, especialmente a balón parado y con la influencia constante de Santi Cazorla, que fue el alma ofensiva del equipo asturiano. Cada córner o falta lateral transmitía sensación de peligro, aprovechando ciertas dudas de Sivera y la falta de contundencia defensiva del Alavés. Sin embargo, al Oviedo le faltó pegada y determinación en los metros finales. Hubo centros peligrosos, remates desviados y varias acciones caóticas dentro del área, pero nunca apareció ese golpe definitivo que alterara el destino del partido.

El tramo final fue un retrato perfecto del drama de una lucha por la permanencia. Mientras el Alavés defendía con uñas y dientes, los jugadores y aficionados miraban de reojo los resultados de Girona, Mallorca y Levante. Cada gol en otros estadios modificaba el escenario de la salvación. Ahí emergió la experiencia competitiva de futbolistas como Tenaglia, Guridi o Sivera, capaces de gestionar el nerviosismo y cerrar el partido con oficio. El pitido final desató la celebración de un equipo que sufrió muchísimo durante la temporada, pero que encontró en esta victoria el premio a su resistencia. Para el Oviedo, en cambio, quedó una despedida amarga de la categoría y una noche cargada de emoción alrededor de Cazorla, posiblemente en su último partido en el Tartiere.

El Levante tiene en sus manos la permanencia:

Golpe de autoridad de un equipo que parecía descendido pero en el que, con la figura de Luís Castro, todo cambió. El Levante ganó merecidamente ante un Mallorca totalmente hundido en un partido marcado por la tensión de la lucha por el descenso. Desde el inicio, el conjunto valenciano salió con una agresividad muy clara en la presión, consciente de que solo ganar le permitía seguir dependiendo de sí mismo. Esa intensidad encontró premio en el gol de Carlos Espí, que volvió a convertirse en el héroe granota aprovechando un error gravísimo de David López en la salida de balón. El delantero interpretó perfectamente la acción, robó con determinación y definió castigando también la mala colocación de Leo Román. El Ciutat explotó porque el Levante no solo se adelantaba, sino que veía cómo la permanencia comenzaba a acercarse.

El Mallorca tuvo más posesión en varias fases del encuentro, pero nunca transmitió verdadera sensación de control. El equipo de Demichelis movía el balón de lado a lado, aunque le faltó profundidad y agresividad cerca del área rival. Solo algunos momentos aislados pusieron realmente a prueba al Levante. En cambio, los locales supieron defender con muchísimo orden, destacando el trabajo de Arriaga en el juego aéreo y la disciplina táctica de un bloque que entendió perfectamente el contexto del partido. El cansancio fue apareciendo en ambos equipos, pero el Mallorca nunca encontró la claridad necesaria para derribar el muro valenciano.

La doble expulsión de Mojica y Brugué elevó todavía más la tensión antes de que Arriaga sentenciara el encuentro en un córner, atacando el balón con una fe que resumía el espíritu competitivo del Levante. El 2-0 no solo significó salir del descenso, sino también ganar el golaveraje particular ante un rival directo, un detalle que puede terminar siendo decisivo. Mientras el Levante celebró una noche de esperanza y carácter, el Mallorca salió profundamente tocado, obligado a afrontar la última jornada con la presión máxima y con la sensación de haber dejado escapar una oportunidad vital.

El Valencia remonta y sueña con Europa:

Sin sentido. A veces la realidad supera la ficción, y un ejemplo de ello es la remontada del Valencia en el Reale Arena. La victoria del equipo valenciano ante la Real fue una de esas noches que explican por qué el fútbol nunca deja de ser imprevisible. El equipo de Corberán pasó de verse contra las cuerdas a firmar una remontada épica en inferioridad numérica. La Real Sociedad empezó golpeando muy pronto con el tanto de Aihen Muñoz, pero el Valencia reaccionó con personalidad gracias a un Javi Guerra enorme y a la movilidad ofensiva de Diego López y Hugo Duro. El 1-2 al descanso transmitía la sensación de que el conjunto valencianista tenía controlado el escenario, jugando con inteligencia y aprovechando muy bien cada transición ofensiva.

Sin embargo, la segunda mitad cambió completamente el partido. La entrada de Oyarzabal y Sucic revitalizó a la Real Sociedad, que pasó a dominar con mucha más agresividad y velocidad entre líneas. El autogol de Tárrega y el tanto posterior de Óskarsson parecían dejar sentenciado el encuentro, especialmente después de la expulsión de Cömert en el minuto 70. El Valencia quedó emocionalmente tocado y durante varios minutos dio la impresión de estar sobreviviendo como podía ante una Real mucho más fresca y ofensiva.

Pero el tramo final fue una auténtica locura futbolística. Cuando el partido parecía decidido, la Real Sociedad desconectó por completo en defensa y el Valencia encontró un último impulso competitivo espectacular. Primero Guido Rodríguez empató tras un córner y, apenas tres minutos después, Javi Guerra firmó una acción individual extraordinaria para culminar la remontada. Esa reacción no solo certifica matemáticamente la permanencia valencianista, sino que cambia por completo el estado anímico del equipo, que ahora incluso puede mirar hacia puestos europeos. Para una Real sin nada en juego, queda una derrota y una mala imagen, de esas que dejan la sensación de haber tirado el partido en apenas un suspiro.

Imagen principal: Edit Pablo Benítez.


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