El feudo capitalino volvía a vestirse de gala para recibir un choque de dinámicas opuestas pero objetivos compartidos entre CD Tenerife y SD Ponferradina.

El CD Tenerife comparecía ante su parroquia como el rival a batir, consolidado en el liderato del Grupo I de Primera Federación con 35 puntos tras asaltar el Suárez Puerta con un ajustado 0-1 ante el Real Avilés. Los de la isla picuda llegaban con el cartel de favoritos, amparados por un balance hasta el momento de 11 victorias en 16 jornadas y la solidez defensiva que les permite mirar con distancia a sus perseguidores en la lucha por el ascenso directo.

Por su parte, la SD Ponferradina cruzaba el charco en busca de una reacción urgente. El conjunto berciano atraviesa un momento delicado tras caer en El Toralín ante el CD Arenteiro (1-3), un resultado que les mantiene en la 16ª posición con 17 unidades, ocupando puestos de descenso.

Pese a la brecha clasificatoria, los visitantes aterrizaban en el Heliodoro Rodríguez López con la necesidad de puntuar para escapar de la zona roja, recordando que en esta categoría la diferencia entre el abismo y la calma se mide en apenas un par de zarpazos.

El Tenerife echó a rodar el esférico en el último encuentro del año en el Heliodoro, y ya a los once segundos de juego tuvo la primera ocasión clara del partido: un saque de esquina golpeado por Nacho Gil tenía como objetivo la testa de Enric Gallego, que envió el balón encima del larguero por milímetos. La eclosión inicial fue la prueba de la dispar temporada de ambos conjuntos. Los de Cervera arrancaron con premura, logrando hilar dos jugadas de peligro, ambas a remate de Enric. Mientras tanto, la Ponferradina salió más sosegada, intentando interferir los pases rivales, pero sin poner temblorosa a la defensa local.

Los precedentes históricos eran palpables desde el pitido inicial, pues ambos equipos galopaban a cada duelo como si fuese el último. Ambos conjuntos mantienen un largo conflicto desde 2012 que se ha postergado en el tiempo hasta la actualidad, equiparándose en menor medida a los derbis canarios.

Tras el arrebato inicial, el choque entró en remisión, con ambos conjuntos asentándose poco a poco sobre el impecable césped de la capital tinerfeña. En el 16 de juego, Fabricio con hambre de gol, se inventó una parábola de exterior que buscaba la escuadra izquierda de la meta defendida por Prieto, que se terminó saliendo de los límites del césped besando el travesaño.

Alcanzado el ecuador del primer acto, el choque se convirtió en un monólogo blanquiazul. Mientras la Ponferradina habitaba en un estado de inanición alarmante, incapaz de asomarse al balcón del área rival, el Tenerife percutía con insistencia, convirtiendo cada posesión en una incursión punzante que hacía tambalear el entramado defensivo berciano.

Jesús de Miguel tuvo en sus botas la apertura del marcador, pero se topó con la figura agigantada del meta visitante. El delantero fusiló a bocajarro desde el área pequeña, solo para ver cómo una intervención providencial del guardameta desbarataba la ocasión más clara del choque hasta aquel momento.

El primer acto expiró bajo un escenario de monólogo absoluto. En las postrimerías de la primera mitad, el Tenerife sometió a la Ponferradina a un asedio asfixiante, obligando al conjunto berciano a atrincherarse en su propia área para evitar el primero en contra. Sin embargo, pese a la abrumadora superioridad local en ambas áreas, el marcador se mantuvo inalterable. El paso por vestuarios llegó con un 0-0 que premió la resistencia visitante y castigó la falta de clarividencia de un Tenerife que, hasta el momento, solo adolecía de pegada.

El guión del partido cambió tras el intermedio. En el minuto 49, la Ponferradina firmó su primer aviso con un disparo que, pese a no encontrar portería, supuso un punto de inflexión respecto a su inoperancia anterior. Los visitantes parecían haber encontrado la clarividencia que les faltó, logrando asomarse al área tinerfeñista con una mordiente inédita hasta el momento.

La transición blanquiazul continuaba siendo el mayor dolor de cabeza para los visitantes. Alassan disfrutó de metros para pensar y puso un servicio raso al palo largo, cargado de intención. Sin embargo, la falta de coordinación en el remate privó al Tenerife del gol; ni Enric ni De Miguel llegaron a impactar un balón que lamió el poste ante la mirada incrédula del Heliodoro.

El Tenerife volvió a rozar el gol en una acción de puro instinto. David puso un centro tenso al área que Enric, ganando la partida a los centrales, amortiguó de cara para la llegada de Fabricio. Al brasileño se le escapó el control, pero el balón quedó muerto para Nacho Gil, que improvisó una vaselina sutil ante la salida del portero. El estadio contuvo el aliento mientras el cuero dibujaba la parábola, pero el envío acarició el travesaño y se perdió por la línea de fondo por un margen minúsculo.

El asedio local alcanzó su punto álgido con una nueva internada de Landázuri. El lateral alcanzó la línea de fondo y puso un servicio raso que Enric, con un recurso de tacón, estuvo a punto de convertir en el primero. Cuando el Heliodoro ya celebraba, un defensor repelió el cuero sobre la misma línea de gol para enviarlo a córner. En el saque de esquina subsiguiente, el propio Enric acarició el premio, pero su estirada fue insuficiente y no logró conectar el remate por un suspiro.

El encuentro regresó a su casilla de salida: un monólogo asfixiante pero falto de frescura por parte del Tenerife. El conjunto blanquiazul recuperó el mando, aunque su dominio se tornó monótono y previsible ante un muro berciano bien plantado. Por su parte, la Ponferradina ganó enteros en intensidad y logró asomarse a campo contrario con más frecuencia, aunque sus tímidas llegadas apenas inquietaron a la zaga local. Era un querer y no poder; un asedio constante contra una resistencia que, pese a su mayor ímpetu, seguía sin morder en el área rival.

La insistencia obtuvo su premio en el minuto 65. César puso un balón tenso al punto de penalti que la zaga berciana repelió en primera instancia, pero el peligro no se disipó. Fabricio cazó el rechace y, con lucidez, habilitó a Enric Gallego. El ariete catalán, en un alarde de fe y perdiendo el equilibrio, logró conectar un remate mordido que terminó besando la red. Un gol poco ortodoxo pero cargado de justicia para un Enric que, tras un desgaste innegable y buscar el gol con ahínco desde el pitido inicial, lograba por fin derribar el muro de la Ponferradina.

La polémica incendió el Heliodoro en el minuto 75. Nacho Gil comandó una transición eléctrica que terminó en un derribo por el hombro dentro del área berciana. Tras la solicitud del Tenerife mediante el FVS, el colegiado revisó la acción en el monitor, pero su decisión de no decretar pena máxima desató la cólera en las gradas. Pese a la evidencia del contacto y la vehemencia de las protestas locales, el juego se reanudó sin castigo, dejando un ambiente de indignación absoluta ante lo que se antojaba un penalti clamoroso.

El tramo final entró en una espiral de tensión e interrupciones. En el minuto 80, la grada del Heliodoro estalló de indignación tras una acción fortuita en la que Enric Gallego pisó accidentalmente al guardameta visitante. La amonestación al ariete catalán y la exagerada reacción del meta berciano, que permaneció en el suelo bajo un clima de reproches, terminaron por incendiar los ánimos. El encuentro perdió toda fluidez, convirtiéndose en un escenario de hostilidad ambiental y constantes protestas donde la Ponferradina, con oficio y astucia, trataba de enfriar un partido que ya era un polvorín.

El partido entró en una dimensión desconocida a partir del minuto 86. Nacho Gil acarició el segundo con un disparo a bocajarro tras un giro eléctrico que el meta visitante solo pudo desviar a córner. En la jugada siguiente, el rechace del saque de esquina cayó en las botas de Balde Jr., cuyo latigazo desde el pico del área impactó de lleno en un defensor. La polémica volvió a adueñarse del recinto: mientras el Tenerife activaba de nuevo el protocolo FVS, el estadio clamaba por una mano que parecía evidente.

Tras una revisión agónica de seis minutos que paralizó el encuentro, el colegiado decretó la pena máxima en el minuto 93, confirmando la infracción por una mano antinatural que ofrecía al Tenerife la oportunidad definitiva de sentenciar. Enric Gallego asumió la responsabilidad desde los once metros con la jerarquía que le otorgan sus galones. Con una frialdad absoluta, el ariete catalán engañó por completo al guardameta, enviando el cuero con mimo al fondo de las mallas mientras el portero se vencía hacia su derecha.

El choque se alargó hasta el minuto 101 en una prórroga encubierta donde el Tenerife supo gestionar su renta con oficio. Tres puntos de oro para marcharse a las vacaciones navideñas con un colchón de + ocho al término del encuentro sobre sus perseguidores, que ya empieza a ser importante. Por contra, la Ponferradina se mantiene hundida en la lucha por el descenso de categoría con 17 puntos, a tan sólo uno de Osasuna Promesas, próximo rival del conjunto dirigido por Álvaro Cervera.

Ficha técnica:

CD Tenerife: Dani Martín, David Rodríguez, León, Juanjo Sánchez, Jesús de Miguel, Nacho Gil, Landazuri, Fabricio, Enric Gallego, César, Dani Alassan.

Entrenador: Álvaro Cervera.

SD Ponferradina: Prieto, Andújar, Ger Nóvoa, San Emeterio, S. Benito, Mula, E. Frimpong, Borja Vázquez, A. López, Pau Ferrer, Diego M.

Entrenador: Mehdi Nafti.

Goles: Enric Gallego (1-0, min. 65), Enric Gallego (2-0, p. min. 94).

Estadio: Heliodoro Rodríguez López.


En ELXIIDEAL tenemos una amplia oferta para insertar la publicidad de tu negocio en nuestra web y redes sociales.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí