Diego Maradona es una figura que traspasa la perfección en el fútbol. Desde 1975 hasta 1997, nos dejó obras de arte que hicieron que los fans de este deporte banalizásemos cosas que no eran comunes. Pero lo hacíamos porque todas las semanas veíamos cómo un hombre de 1,67 centímetros las ejecutaba como si nada. Más tarde, nos dimos cuenta de que Maradona también era humano, y todo eso fue gracias al Diego de los 90.

El Maradona de los años 90 no era perfecto. Diego estaba luchando contra algunos problemas que seguramente ya le perseguían de antes, pero no de forma pública. Le intentamos entender: pasar de vivir en el barro de Villafiorito a ser la persona más influyente del mundo no es fácil. Por algún lado tenía que salir esa presión. Sin embargo, a pesar de esa presión acumulada, Maradona en sus últimos años nos dejó repetidos intentos de recordarnos quién fue el mejor Maradona. Diego se bajó al barro buscando una especie de redención porque sabía que, aunque todos pensaban que sí, él no había sido un ejemplo.

Un descanso para Diego Maradona:
La década de los noventa para Maradona empezó perdiendo el Mundial contra Brasil y despidiéndose de Nápoles, la que había sido su casa. Poco después, en 1991, Maradona daría positivo en un control antidopaje por cocaína. No se le volvió a ver hasta el 30 de junio de 1992. Apareció en Sevilla, dirigido por su amigo Bilardo. Llegó pasado de peso, en muy mala forma física, pero con un talento que nunca habían visto a orillas del Nervión. Nos dejó atónitos cuando vimos a ese Maradona ‘gordo’ hacer toques con una bola de papel que le tiraron desde la grada como si nada.

Después de ese año en Sevilla, decidió despedirse de Europa y volver a su Argentina natal. Primero fue Newells, donde sólo jugó cinco partidos. En diciembre de ese año, decidió aislarse en la Pampa. Se mudó a un rancho en el medio de la nada para prepararse de cara al Mundial del 94. Diego sacrificó mucho y llegó en forma al Mundial de Estados Unidos, con la ilusión del primer Mundial.

Pero un 27 de junio volvería a saltar la noticia. En el segundo partido del Mundial, Ingrid María, una enfermera de la FIFA, ingresó al campo para llevarse a Maradona de la mano con el objetivo de hacerle un control antidopaje ‘aleatorio’. Tres días más tarde, se supo la noticia de que Diego había vuelto a consumir. Es curioso que, en un control ‘aleatorio’, la FIFA eligiese hacérselo al jugador que había expuesto públicamente la corrupción que había en la institución, el mismo jugador que era sabido por todos que tenía problemas con las adicciones.
Diego se despediría de los campos en Boca Juniors, habiendo cumplido un año de sanción por lo ocurrido en Estados Unidos y después de tres campañas en Boca.

En su despedida, nos dejó un discurso para el recuerdo: «El fútbol es el deporte más bonito del mundo. No sé cómo pagarle al deporte. Yo traté de ser feliz jugando al fútbol y hacerlos felices a todos ustedes. Esto es demasiado para una persona. El fútbol es el deporte más lindo del mundo. Por que se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha».
Con esa frase, nos pidió perdón a todos los amantes de este deporte, nos pedía perdón porque Maradona no era el Dios que creíamos que era.

Imagen principal: @Argentina.



















