El Nàstic de Tarragona está siendo uno de los candidatos más firmes en la lucha por la promoción de ascenso en el Grupo I. Dani Vidal ha implantado una idea de juego reconocible en uno de los equipos mejor trabajados de la Primera RFEF. La ilusión se vuelve a respirar en el Nou Estadi, con una afición que muestra máxima confianza hacia los jugadores y el cuerpo técnico.

Tras ejercer como segundo entrenador del conjunto grana en las dos últimas campañas -siempre muy ligado al club-, Dani Vidal está brillando con luz propia a los mandos del primer equipo de la entidad tarraconense. Desde su nombramiento en febrero de 2023, el joven técnico ha devuelto la ilusión y el carácter competitivo a un Nàstic que intentará conseguir el premio mayor al fin de esta temporada.
En un mercado de verano donde se conformó una muy buena plantilla, las expectativas se elevaban para un club al que siempre le ha costado colarse entre los favoritos al ascenso. Ahora, bajo el liderazgo de un gran entrenador, parece ser que por fin hay bloque para lograr algo grande. Y lo más importante, el equipo tiene personalidad y así lo demuestra en cada encuentro.

El desempeño de los granas en la primera mitad de la temporada destaca su solidez como bloque, siendo un equipo que trabaja intensamente en la presión y con mucha capacidad de sacrificio colectivo en las recuperaciones. Con balón triunfan desde la posesión efectiva -todo lo que hacen se rige por una lógica- en la que potencian el juego por bandas y al espacio, mostrando verticalidad cuando hay que correr.
Sin embargo, el sello de identidad del Nàstic de Dani Vidal se encuentra a nivel defensivo. Es un equipo que no duda en ponerse el mono de trabajo aun si eso los hace ser menos vistosos. Su estructura defensiva ha resultado ser de las más difíciles de superar en la competición, acumulando porterías a cero en más de la mitad de los encuentros de la primera vuelta. Pese a que no son muy goleadores, rentabilizan al extremo los tantos a favor.
Con un esquema en el que juega con un único punta, la propuesta funciona y parece que también convence. La meritocracia reina en un vestuario sano, aunque con plena confianza en un grupo de inamovibles donde se erigen las cinco piezas de una de las líneas defensivas menos goleadas: Alberto Varo, Joan Oriol, Nacho González, Pablo Trigueros y Pol Domingo.

En mediocampo destaca el rendimiento sobresaliente de Borja Martínez, que se ha erigido en el director de orquesta del Nàstic desde su llegada en este verano dando seguridad y distribución de juego. Por último, en línea de ataque la calidad diferencial te la dan un Andy Escudero soberbio y un Jaume Jardí enchufado.
El mayor déficit de la escuadra tarraconense se encuentra en la punta de ataque. Aunque Pablo Fernández está encajando muy bien en la idea de juego que propone Dani Vidal, no ha conseguido sumar cifras importantes. Por otro lado, tanto Marc Fernández como Gorka Santamaría no han terminado de cuajar. Así, en muchos partidos se ha denotado la falta de instinto goleador y fortuna en el último remate.

Dudas de la directiva:
Pese a ello, el equipo marcha muy bien encaminado hacia su objetivo: incluso con mejores sensaciones que resultados, que de por sí son bastante buenos. Lo verdaderamente sorprendente es que la confianza que se respira en la grada sea mayor que la que se respira en los despachos sobre la figura y continuidad del entrenador en la entidad.
Según apuntaban varios medios locales, el partido frente a la SD Tarazona (con victoria 3 a 1) a principios de diciembre suponía un ultimátum para Dani Vidal tras una racha de resultados irregulares. En caso de haber perdido, parece ser que el técnico habría sido destituido pese a que el Nàstic en ningún momento se descolgó de la lucha por los puestos de promoción y destacaba por ser el mejor conjunto local del Grupo I -lo sigue siendo-.
La propia afición temía la marcha del entrenador, en una decisión que habría sido un auténtico despropósito para un equipo que había encontrado el cauce de una prometedora campaña y con sangre de la casa. La apasionante sinergia entre grada y plantilla demuestre el buen ambiente de una gente que se siente representada por el estilo, el entrenador y los jugadores, y creen en un seguro éxito.
Es necesario tener paciencia, y más con un proyecto que recién acaba de comenzar y que parece haber cogido buen rumbo. Aunque la presión siempre es buena en las porciones justas, es un error vivir en una sensación de desequilibrio constante. Con Dani Vidal, el Nàstic ha recuperado el carácter competitivo, la comunión con el aficionado y está consiguiendo resultados de equipo candidato al ascenso. Es una de las apuestas más sólidas de esta temporada.
Imagen principal: @NASTICTARRAGONA.






















