Hay ascensos que se celebran. Y hay ascensos que se sienten. El del Málaga CF se ha celebrado y mucho, aunque lo englobo más en la segunda categoría.

Porque este no es solo el regreso de un equipo a Primera División. Es la recompensa a una ciudad que nunca dejó de creer cuando todo invitaba a dejar de hacerlo. Es el final de un camino que parecía imposible hace no tanto tiempo y que, sin embargo, ha terminado escribiendo una de las historias más bonitas que se recuerdan en La Rosaleda. Paradójicamente, quizá hemos aprendido a querer todavía más al Málaga cuando más lejos ha estado del lugar que le corresponde.

Muchos crecimos viendo al Málaga de la Champions, soñando con noches europeas que parecían imposibles de repetir. Mientras nosotros ocupábamos aquellas gradas siendo niños, los futbolistas que hoy han devuelto al club a Primera División también soñaban desde algún rincón de Málaga con vestir algún día esa camiseta. Hoy son ellos quienes han escrito una página que permanecerá para siempre en la memoria de miles de personas. Y esa es, probablemente, la mayor victoria de este equipo.

Porque más allá del fútbol, este vestuario ha conseguido devolver la ilusión a toda una ciudad. Ha conectado con su gente desde la humildad, el trabajo y la cercanía. Ha construido un grupo en el que resulta difícil no alegrarse por el éxito de cualquiera de sus protagonistas.

Durante estos meses hemos contado partidos, entrenamientos, ruedas de prensa, viajes y entrevistas. Pero, sobre todo, hemos tenido la suerte de conocer a personas que entendieron desde el primer día lo que significaba defender este escudo. Por eso, cuando el árbitro señaló el final en Almería, la sensación fue distinta. No solo ascendía el Málaga. Ascendía una ciudad entera.

Las imágenes de miles de aficionados llenando las calles, las lágrimas, los abrazos, las bengalas y las camisetas blanquiazules convertidas en un mismo sentimiento quedarán para siempre como uno de esos recuerdos que explican por qué el fútbol sigue siendo capaz de emocionar como pocas cosas. Dentro de unos años recordaremos el gol, la eliminatoria o la celebración. Pero, sobre todo, recordaremos el camino. Porque ha sido un camino irrepetible.

Hace unas semanas apareció una carta olvidada en un bolsillo. En ella podía leerse un mensaje que entonces sonaba casi a superstición: «Juntos somos invencibles». Aquella carta terminó firmada por Dani Lorenzo con una promesa clara: «Lo vamos a hacer».

https://twitter.com/elxi_ideal/status/2058201288341393523
Carta firmada por Dani Lorenzo.

Al final, quizá las señales no existan. O quizá sí. Lo único cierto es que Málaga vuelve a mirar al futuro con la ilusión de quien ha recuperado algo que nunca dejó de sentir suyo.

Porque hay lugares que, simplemente, siempre terminan esperando a quien pertenece a ellos. Y el Málaga CF, por fin, ha vuelto al suyo.

Imagen principal: Guillermo Bermejo.


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